Eclipse total en León: los 105 segundos en los que sí se puede mirar al Sol (y las dos horas en las que no)

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León es una de las ciudades del mundo con mejores condiciones para observar el eclipse total de esta tarde. Esa circunstancia obliga a un mensaje de prevención más preciso que el habitual: aquí no basta con decir «no mires al Sol».

Hoy, 12 de agosto de 2026, la capital leonesa vivirá el primer eclipse total de Sol visible desde la Península Ibérica en más de un siglo. El fenómeno comenzará a las 19:32 h, la fase de totalidad se producirá entre las 20:28 y las 20:30 h -en torno a un minuto y 45 segundos- y el eclipse concluirá a las 21:22 h. En el momento del máximo, el Sol estará a unos 9-10 grados sobre el horizonte, hacia el oeste-noroeste.

De esas casi dos horas, solo durante el minuto y tres cuartos de totalidad puede mirarse al Sol sin filtro. En los 106 minutos restantes, hacerlo puede provocar una lesión retiniana permanente. La diferencia entre ambas situaciones es la clave de todo el mensaje preventivo de hoy, y es también la principal fuente de confusión entre la población.

Qué lesión estamos previniendo

El cuadro característico es la retinopatía solar: una lesión fotoquímica y térmica de los fotorreceptores, con predilección por la fóvea, causada por la radiación visible e infrarroja concentrada por el sistema óptico del ojo. La exposición necesaria para producirla se mide en segundos, no en minutos.

Su rasgo clínicamente más relevante es la ausencia de dolor: la retina carece de nociceptores, de modo que el paciente no recibe ninguna señal de alarma mientras se está produciendo el daño. Los síntomas —visión borrosa central, escotoma, metamorfopsia, discromatopsia, dificultad para leer— aparecen habitualmente entre 12 y 48 horas después. Es decir, mañana y pasado.

La recuperación es variable. Muchos pacientes mejoran parcialmente en los meses siguientes, pero un porcentaje conserva un déficit central permanente. No existe tratamiento eficaz demostrado, lo que convierte a la prevención en la única intervención realmente útil.

De forma añadida, la exposición a la radiación ultravioleta puede producir queratitis actínica, esta sí dolorosa, con inicio a las 6-12 horas y resolución espontánea en 24-48 horas.

El riesgo específico de un eclipse a última hora de la tarde

En León el eclipse ocurre con el Sol muy bajo. Esta circunstancia introduce dos riesgos que no aparecen en los eclipses de mediodía:

Primero, el Sol bajo resulta engañosamente cómodo de mirar. Cerca del horizonte, la atmósfera atenúa la luz visible y el disco solar adquiere un tono anaranjado que no deslumbra ni obliga a apartar la vista. Esa atenuación es mucho menor en el infrarrojo, y el reflejo de aversión -el parpadeo involuntario que normalmente nos protege- se debilita justo cuando más falta hace. La sensación de confort no equivale a seguridad.

Segundo, la baja altura sobre el horizonte empujará a mucha gente a buscar puntos elevados y despejados, con aglomeraciones, prisas y menos supervisión de los menores. Conviene anticiparlo en el consejo que demos.

Los 105 segundos: la única excepción, y cómo explicarla

Durante la totalidad, con el disco solar completamente cubierto por la Luna, la observación a simple vista es segura y, de hecho, necesaria: con las gafas de eclipse puestas no se ve absolutamente nada, ni siquiera la corona solar. Pero el margen de error es estrecho y conviene transmitir la regla en positivo, con tres instrucciones concretas:

  1. Las gafas se quitan solo cuando el disco solar ha desaparecido por completo y se ve la corona: un halo blanquecino alrededor de un disco negro. Si queda cualquier fragmento brillante del Sol, por pequeño que sea, no se quitan.
  2. Se vuelven a poner al primer destello de luz, sin esperar a comprobar nada. Ese primer punto luminoso -el llamado «anillo de diamante»- es ya el Sol reapareciendo, y es el momento de mayor riesgo de todo el eclipse, porque la pupila está dilatada tras la penumbra.
  3. Fuera de la franja de totalidad las gafas no se quitan en ningún momento. Un eclipse parcial del 99 % sigue siendo un Sol que quema la retina. Este matiz importa para quienes se desplacen ese día hacia el sur.

Una alternativa prudente para grupos, y especialmente con niños, es no quitarse las gafas en ningún momento: se pierde la contemplación de la corona, pero se elimina por completo el riesgo.

Con qué se puede mirar, y con qué no

Solo son seguras las gafas de eclipse certificadas conforme a la norma EN ISO 12312-2:2015, con marcado CE, datos identificables del fabricante o importador e instrucciones de uso. Antes de utilizarlas hay que comprobar que el filtro no presenta arañazos, perforaciones, dobleces, burbujas ni zonas más claras; unas gafas dañadas o de procedencia dudosa son peores que no tener ninguna, porque permiten mirar fijamente sin molestia.

No protegen, por más oscuros que sean: gafas de sol (aunque se superpongan varias), radiografías, cristales ahumados, CDs o DVDs, negativos fotográficos, gafas 3D de cine, láminas de poliéster o filtros no certificados. La protección no depende de la oscuridad percibida, sino de la atenuación certificada en todo el espectro, incluido el infrarrojo, que no vemos y que no produce sensación de deslumbramiento.

Cámaras, prismáticos y telescopios merecen un aviso aparte. Concentran la radiación y pueden causar una quemadura macular extensa en una fracción de segundo. Nunca deben usarse mirando a través de las gafas de eclipse: el filtro está diseñado para la luz que llega directamente al ojo, no para la que ya ha sido concentrada por unas lentes, y puede degradarse o fundirse. Requieren filtros solares específicos colocados delante del objetivo, nunca en el ocular. Para el móvil, el riesgo no es para el sensor sino para quien encuadra: se apunta sin mirar al Sol directamente.

Para observar en grupo, con niños o sin gafas disponibles, la proyección estenopeica -la imagen del Sol proyectada a través de un pequeño orificio sobre una superficie clara- es segura, gratuita y permite seguir las fases parciales sin mirar al cielo en ningún momento.

Cómo vivirlo sin arriesgar la vista

Nada de lo anterior debe llevar a renunciar al eclipse. La prevención en salud pública no consiste en desaconsejar una experiencia irrepetible, sino en hacer que se viva sin consecuencias. Y las medidas necesarias son sencillas: unas gafas certificadas, saber cuándo se quitan y cuándo se vuelven a poner, y un adulto pendiente de cada niño.

Merece la pena preparar la tarde con calma. Elegir con antelación un punto con el horizonte oeste despejado, llegar pronto, comprobar las gafas a la luz del día antes de salir de casa y decidir de antemano quién supervisa a los menores evita las improvisaciones de última hora, que es cuando se cometen los errores. Conviene también reservar los últimos minutos antes de las 20:28 para mirar alrededor: la luz se vuelve metálica, las sombras se afilan, la temperatura baja de forma perceptible y el silencio de los pájaros anticipa la totalidad. Nada de eso exige mirar al Sol.

Y cuando el disco desaparezca por completo, quedan unos segundos —apenas minuto y tres cuartos en León— para levantar la vista y ver la corona solar a simple vista. Es el único momento seguro, es breve y es, con diferencia, el más memorable. Después, las gafas vuelven a su sitio hasta las 21:22 h.

El próximo eclipse total visible desde España será el 2 de agosto de 2027, seguido de uno anular el 26 de enero de 2028. Tras esa tríada, habrá que esperar hasta 2053. Conviene llegar a esas citas con la vista intacta.

Asesora Comercial del Colegio de Médicos de León

Maria Jose Medina García